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Friday, May 8, 2020

Hoyo

Es un hoyo profundo sin final. Se siente estrecho…eterno. Mi cuerpo se alarga entre el y gana un peso insuperable, cada vez mas presente a mis intentos de movimiento. Las paredes del hoyo son negras y mi alma se convierte en polvo que estorba. El tipo de polvo que molesta en la garganta, que frota entre la córnea y que entorpece la piel con su incomodidad. Mi esencia es cuestionada y cada vez me comprimen esas paredes, firmes e insistentes. El hoyo luego se llena de agua. De alguna forma el líquido encuentra su final.
Cuando me toca por primera vez es helada. Rápido recorre mi piel hasta alcanzar mi nariz y es justo ahí cuando tengo que girar mi mirada hacia arriba mientras decido cuánto me queda para respirar.

¿Me sumerjo entre la oscuridad indefinida? Siento que quiero. Siento que puedo. A veces siento que el agua sube hasta el techo, y baja constantemente.

A veces siento que el hoyo me ha halado por completo y dejo de existir. Mis manos temblorosas, mi pecho comienza a moverse involuntariamente, la lengua se traba, lágrimas caen y no puedo pensar.

Nada me hace sentido y una necesidad de buscar aire se apodera. No lo consigo. No localizo el ritmo de mis latidos. Quiero que se detenga. La única forma que lo había podido hacer antes era deslizando el filo contra mi decadencia.

Tuesday, January 7, 2020

Pronto llega la oscuridad

no creo que exista algo más que el miedo,
que la incertidumbre y el desespero.
precisamente es lo que siento, aunque me haya tocado de lejos.
es mayor el miedo por sentir lo que otros han sentido.
es mayor el miedo por vivir entre la abismal tristeza.
queremos un mundo mejor, pero nada hacemos.
quizás Gaia aclama y la ignoramos
o quizás es un proceso natural, de evolucionar, de reinventarse,
como la tierra lo hace con nosotros.
dejando la toxicidad o al menos empujándonos con sus aclamaciones,
quizás los incendios según alegan han sido forzados,
pero no dejan de ser alertas, ni lagrimas que expulsan entre el humo,
vidas que se apagan y sonrisas que se esfuman,
entre la pólvora del silencio, por no actuar a tiempo,
¿hasta cuándo va a llegar la maldad, la ignorancia, la disputa?
hasta que no quede más.
somos espíritus que tomamos prestado,
y estamos tomando demás.
tengo miedo a la oscuridad,
al silencio, pero sobre todo al olvido.
más que ello, a que todo lo vivido haya sido en vano,
por no haber disfrutado, por no haber cuidado.
tengo miedo a la noche,
que pronto se acerca,
en donde mis palpitaciones tiemblan,
y nadie sabe qué ocurre entre ella.

Monday, May 13, 2019

Un Día Más

Despertar. Era todo lo que tenía que hacer para entrar en el mismo intento de alegría. En la misma idea que me imponen los que creen que saldrán de esta rutina incomprensible.
—¡Mariana!—gritó lo que parecía ser la voz de mi madre. No pensé en lo mucho que me molestaba su actitud frente a la escasez, como reaparecían exigencias dentro de mis silencios, más bien dirigidos en que cocinaría en el día de hoy con los escasos recursos que poseíamos.
Solamente en eso dedicaría toda mi mañana—en caminar ciertos kilómetros o millas al pie desnudo en busca de la comida del día. A penas vivíamos en un espacio, rodeados de un cubo de cemento de los pocos que quedaban en la ciudad. Me parecía motivo de agradecimiento, porque teníamos más que muchos. Solamente en dos ocasiones, en donde por falta de alimento en lugares cercanos, había logrado alcanzar las costas, pero para que no me pasara nuevamente, creé un plan. Realicé una lista en donde normalmente se encuentra una que otra cosa ya sean animales, o plantas con frutos. Nunca era seguro el hecho de que ahí hubiese algo, pero eso sólo era el primer paso.
La lista consistió entre los lugares más cercanos hasta los lugares más lejanos. La búsqueda, como dije, duraría toda la mañana, pero también puede que dure más. El caminar hacia allá solamente me tomaría tres horas enteras. Al menos eso estimaba.
Recuerdo la última vez que mis ojos contemplaron las hermosas telas pintadas de azul, rozando contra la arena, como si me exigieran en susurros que las acompañara. Paseaban sus curvas en movimientos unidos pero descontrolados. ¿Cómo era eso posible? Solo sé que era lo único que me decía que el viaje largo valía la pena.
Mi madre, anterior a todo, solía llevarnos a menudo. Preparaba bultos de cosas que no necesitaba, con tal de que no le hiciera falta nada. Suspiraba ante la ironía. Eran días largos bajo el sol, creando manchas que nos adornarían hasta el alma. Ahora solo eran días largos bajo el sol, en búsqueda de no una mejor vida, sino de acoplarnos a ella.
Mis ojos se fueron abriendo sin deseo y con máximo esfuerzo, me levanté de lo que pudimos convertir en nuestra cama. Luego de haber perdido las esperanzas frente al cambio repentino de tenerlo todo a nada, mi madre se ingenió un cartón, rodeado de bolsas y ropa vieja que habíamos encontrado en el camino. De esto básicamente se componían nuestras paredes: de inventos y obsequios que nos ofrecía la suerte. Por supuesto, siempre y cuando no nos encontrásemos a alguien en el camino que lo quisiera adquirir primero.
Sin pensarlo, fijé mi mirada al cielo y le agradecí a quien quisiera escuchar. Era muy difícil saber a quién creerle en este mundo. Solo pedí, que, si hubiese algo allá arriba, que escuchara mis plegarias.
El agradecimiento duró más de lo necesario; desde el rabo del ojo pude ver a mi madre entrar apresuradamente, vestida de ropas grandes que indicaban que andaba con el grupo que intentaba reestablecer las tierras.
Vi cómo se detuvo un instante como si estuviera pensando que hacer.  Luego de unos segundos, se retiró, probablemente contemplando mi acción sencilla.
Mi fe y deseo de estar en harmonía con el mundo era lo único que me permitía un poco de paciencia, tanto para mí, como para los que me rodeaban. Era donde único se me permitía un tiempo sin molestias, ni reclamos, ni exigencias.
Al terminar mis agradecimientos, me levanté del suelo y doblé el viejo y desgarrado pedazo de cartón, acomodándolo en una esquina, para crear más espacio para nosotros.
—¿Vas a salir hoy?
Me volteé al encontrar unas sombras. En mi trance de readquirir valentía, ni me había percatado que mis tres hermanos se habían despertado. Pues, con el grito de mi madre, ¿Quién no lo habría hecho? Con un beso en cada una de sus cabecillas, les rogué que contuvieran la paciencia y esperanza necesaria. Sería entonces esto mi motivación inicial y como mi amuleto de buena suerte para encaminarme a mis diligencias.
Caminé por el ardiente campo, mendigando entre las pocas brisas que se avecinaban y gotas de cortesía que se deslizaban por mi yugular. De un tiempo para acá, ya no era mucho lo que quedaba. Había sido un golpe de brisa precisamente lo que nos había arrancado los lujos, las necesidades y para algunos la vida. En menos de siete meses, según marcábamos en la pared, nuestra isla se había convertido en tierra de nadie y tan drástico cambio, provocaba lágrimas que solo quedarían estancadas entre los comienzos de mis ojos. Jamás las permitiría salir.
Después de un tiempo, arrastrando mis piernas, a lo lejos avisté una planta en crecimiento y con mucha calma, me recosté de mis rodillas y me incliné hacia ella. Justo cuando mi mano se extendió, abrazando su verdura, entrelazándola en mis dedos para ser extraída, sentí un azote entre mi rostro que me llevó al suelo. Sorprendida ante al ataque, rebusqué con la vista la razón de mi desorientación, hasta que encontré, no muy lejos, un papel periódico, arrugando y con la tinta casi en vela.
Hacía tiempo no veía uno de esos…
Desesperadamente, me dirigí hacia él, raspando la tierra en un intento de cogerlo. Vi sobre una esquina un titular nauseante:

Septiembre 15 de 2058: El día del fin, masivo fenómeno que podría destruir

Es que ni yo misma me quería acordar de ese día. Gritos, sollozos, gente corriendo y gente perdiéndose entre sus propias masas. Nosotros éramos de los pocos que quedábamos porque decidimos quedarnos ese día. Mi hermanita menor cumplía y su deseo mayor era pasarlo en familia. Por supuesto Papá nunca estaría, ya que siempre se encontraba trabajando. Nunca supimos que pasó con él. Aun mi madre lo espera en la entra de nuestras paredes.
Decidí empujar esos recuerdos fuera de mi memoria y con ellos el periódico, porque ya eso no pesaba importancia. Al menos no en estos momentos donde mi enfoque era mayor.
Estiré mi brazo, alcanzando lentamente el alimento mientras recorrían por mi mente imágenes de sonrisas tibias de mis hermanos. Estaba segura de que les iba a gustar esto que les traía; sabía que estarían agradecidos de mi esfuerzo.
Y eso era todo lo que quería…sus sonrisas.
Y era todo lo que pedía…un cariño dentro de este abismo de sucesos y carencias, que se nos deslizaban de las manos.
Y eso era todo lo que deseaba…hacer el más mínimo cambio, mientras caminaba regreso a mis paredes, a preparar algo que silenciara más allá que los dolores externos, el interno.
En eso consistían mis días. En amar…en vivir, y en esperar por un cambio…que pudiera no haber llegado nunca. 

Wednesday, January 31, 2018

Pánico

Inicialmente, te percatas del mundo a tu alrededor. Te percatas de quien eres como ser humano y lo diminuto que se vuelve tu vida…
Puedo observar más allá de mi visión periférica y sin embargo, en cuestión de segundos, el universo se vuelve tan pequeño... Larga vida que llevo, insignificante. Las paredes (esas cuatro paredes) se vuelven más cuadradas, más rectas, más estables y firmes. Las paredes se elevan, creando un escape imposible y la poca luz que existe, desvanece como eclipse solar. Puedo sentir mis glándulas salivares fallecer, mi garganta secarse y mi pecho apretarse. El aire no fluye, respiro el aire ajeno, aire que ahora comparto y que no llega en su plenitud a mi sistema.
La luz desvanece completamente; quedo atrapada en una manta de carbón donde no es reconocido mi esfuerzo por salir. Me consume dentro del vacío y la densidad me absorbe como tierra movediza. La oscuridad y yo nos convertimos en uno. No logro salir y no porque no quisiese, sino porque no sé como hacerlo.
No puedo evitar el llorar; por pena a mí mismo, por ser un simple mortal y poseer una imperfección de la cual se me culpa, que pesa más que mi voluntad, que me bloquea sobre cualquier cosa. No le deseo a nadie esta angustia injustificable y este deseo reprimido de estar en paz con mi alma. Os prometo que no lo puedo controlar. Tengo deseos de restrellar contra las paredes y correr hasta que mis piernas no puedan con mi peso, de buscar ese tan  ausente aire en el lugar más natural que pueda encontrar.