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Friday, May 8, 2020

20 de septiembre

te releo, porque quiero,
llámale masoquismo o incredulidad.
vuelvo a ese 20 de septiembre,
el cuál a veces digo que no siento,
pero sabemos que no es verdad.
no paro de escribir sobre ello,
ni vocalizarlo.
la gente se sigue moviendo,
y yo me quedo en el mismo lugar.
lleno de gente que no quiere nada serio,
lleno de hombres que solo buscan lo carnal,
que son muy perfeccionistas,
que les encanta la rumba,
pero no ir a desayunar.
me siento tan desquerida,
comparándome con modelos de instagram,
tratando de encajar en la monotonía,
en un noventa, sesenta, noventa,
y lo que la sociedad cree que es perfección,
pero es que siempre se me olvida que yo no soy perfecta.
soy torpe, nerviosa, cicatrizada, rellena,
demasiado enamorada y demasiado sola.
trato de cambiar el cannabis, por el vino,
por un perro de servicio, por una xanax,
por un té, por un amigo, por un cuchillo…. 
ya este mundo me queda demasiado grande,
 y yo no sé para donde andar.
ya este mundo tiene mucho peso,
que mis hombros no pueden aguantar.

Saturday, March 30, 2019

Colibrí


V.

evito pausar,
me lanzo como colibrí al néctar,
me concientizo,
de mi falta de ingenuidad.
que, si la vida es prestada,
que la tela y el cuerpo,
caducan entre deseos,
de estar un poco más,
durar un poco más,
reinicio y me enfrento.
que no puedo cambiar,
si dejo de existir,
si dejo de vivir,
si dejo de sentir,
me desenfoco de las líneas de mis yemas.
que soy finura esculpida,
por suerte o dirigida.
por si no hay luz prometida,
ni oscuridad definida,
continúo estando sin escapar,
amando mi perfección autónoma.


Tuesday, January 8, 2019

De dónde vengo


I.

sanguijuela perversa
¡despega!
encarnas mi miedo,
con sabor a,
aceite de castor.
peleas:
encerrada en mi contratiempo.

II.


baila en silencio,
el flamenco,
tumba en canto,
lo que queda de mi torpeza,
en sí mismo,
en su ritmo,
encerrado entre el tambor,
y una vieja castañuela,
de mi tatarabuelo y abuelo,
aunque más jibaro que el cafetal,
y que el mismo agüeybaná,
que vence el miedo.
tumbá en cantos,
pero recuperando alientos.

VI.

con las añoranzas hechas enseñanzas,
repartimos recetas de efervescencias,
para que no se despiste la cultura,
de pelar gandules con artritis.
bailando salsa mientras se echa salsa,
susurrando viejo castellano,
y un turimpumpám,
que surge de repente,
sin saber cómo.
corriendo tras la lluvia,
porque dependemos del día,
abriendo tierra, arrancando raíces,
de sobre,
vivencia,
nacimos para volvernos polvo,
de sabor,
y curar todo con vic vapo rú,
mientras bendecimos hasta lo malo.


Monday, April 30, 2018

Por no ser una Paola Bracho me convertí en una Marimar

No se trata de victimización, sino de expulsar un peso que llevo dentro, puesto que siento mucho el cómo mientras intentó abrir la puerta, ya yo estaba fuera por la ventana. No deseaba quedarme encerrada en las cuatro paredes de lo que fue la peor decisión de mi vida. Mientras se llevaba sus pertenencias, yo abrazaba su camisa, el gancho pillado entre mis piernas y la progenitora amarrada entre el cálido antebrazo de Morfeo; sus dulces palabras susurrando que se quedara junto a él unos minutos más en lo que mi llanto cesaba.
Tiempo después tocaba la puerta nuevamente, como era de costumbre, como era la rutina, pero ya la advertencia estaba en el aire y luego de setecientas treinta y una amanecidas, mis labios partieron verticalmente con la palabra “no” mezclándose entre el estrecho aire. Era redundante el ofrecer una razón y entiendo que fue injusto el continuar abriendo y permitiendo constantemente el que sus pasos se marcaran por mi alcoba. Yo nunca fui la villana, no era mi intención, ni mi promesa el hacer la vida de cuadros a alguien a quien mi corazón entregué genuinamente, convirtiéndome, sin embargo, en una sumisa e ignorante que, por no herir a nadie, la pisotearon sin aviso, escupiendo en el rostro todo aquello que no era verídico y que fue aceptado con tal de no renunciar a mis valores ni principios. Siempre anduve con la idea de que mi corazón fuera enmendado, sutilmente tejido de vuelta porque lo único que deseaba era un final feliz.
La realidad es que nunca pensé que una vez cerrara la puerta, me tocaría entonces hacerlo a mi sola, buscando alguna instrucción de como sostener la aguja y traspasar el hilo por su apertura. Por eso admito que en varias ocasiones me encontré con mis yemas rozando la manija hasta que eventualmente opté por buscar una salida alterna.
Me hirieron varios motivos, inicialmente porque él nunca supo demostrar que mis acciones eran suficientes y que no se veía obligado a repartir caricias indecentes a por doquier, a recoger margaritas del campo vecino, haciendo y deshaciendo todo eso que no hacía por mí. Entonces entendí que nadie hace lo que no quiere y que uno da la milla adicional por personas que según ellos valían la pena. No era yo, solo no era su persona indicada. No comprendía por qué si yo había dejado la llave de mi alma en la palma de su mano, no combatió millones de guerras por ver mis variadas sonrisas. La respuesta era: porque simplemente no quería. Lo tuve que aceptar, en especial cuando me comencé a sentir conforme en mi soledad y comencé a notar todas las cosas que susurraban a mis espaldas. No debí haber perdido mi tiempo desde el primer choque galáctico que hiso consecuentemente que se derrumbara mi mundo. Basado en eso aprendí a desconfiar en todo lo que tenía que ofrecer.
Todo esto me llena de rabia, quizás por la lucha interna que cargo hace año y medio desde que cerré la puerta. Múltiples puntos estiré sobre mi mesa: el cómo ser una repugnante Marimar me había llevado a nada, como darlo todo no era nada y como ser nada me lleva a nada. Mas aun cuando sentía que por querer moverme hacia adelante con mi vida me era casi imposible. Yo lo único que deseaba era estar con ella, sus cachetes rosados y dientes de leche que me ofrecían toda la libertad. Sus pequeños ojos verdes me aseguraban que todo está bien y que todo valía la pena. Pobre de mí encanto, que era utilizada y reutilizada para mortificarme, amenazarme con nuestra separación infinita porque no sabían comprender que yo necesitaba que todo se acabara. Que, por remordimiento, por celos y egoísmo, no se me permitía hacerlo todo.
Él era la persona más vil de planeta, dado a que por eso decidí no ir tras él, porque al yo inhalar y exhalar por primera vez después de tener su brazo marcado entre mis amígdalas, pude notar que a quien yo amaba, no era quien yo pensaba que era. La decepción nubló mi vista más rápido que cuando estaba en el trance de sus caricias. Era imperdonable en todo lo que mi ser transformó en cascadas que se desbordaban más allá del río. Entonces, ¿Por qué me molestaba tanto? Simplemente porque lo encontraba injusto, inexplicable, e incoherente como ser bueno no te lleva a nada. La vida no era un bumerán en donde uno recibía lo que uno daba, dado a que, si fuera así, la inclinación de este conjunto de palabras fuera demasiado diferente. Sin contar como me había tenido que morder los labios con tal de no crear conflicto alguno, con tal de obtener un aura de tranquilidad.
He aprendido ha mantenerme en paz y amar cada línea, punto y curva de piel para poder arriesgarme a querer vivir mas allá de la tormenta. Su partida fue la mas dolida de mi vida, mucho mas profundo ardor que descubrir cosas que no podría redactar aquí, pero esto no significa que he de amarle otra vez. Sus palabras fueron punzantes y sus acciones fueron imperdonables. Uno se puede caer múltiples veces hasta descubrir donde esta situada la grieta del suelo. Y sobre todas las cosas le deseo la mayor felicidad del mundo, pero lejos de mi alma. Lejos de como luego de tanto tiempo y tanto amor propio, he descubierto que prefiero ser la mujer indicada para mí. Eso es suficiente.