Showing posts with label amor. Show all posts
Showing posts with label amor. Show all posts

Friday, May 8, 2020

20 de septiembre

te releo, porque quiero,
llámale masoquismo o incredulidad.
vuelvo a ese 20 de septiembre,
el cuál a veces digo que no siento,
pero sabemos que no es verdad.
no paro de escribir sobre ello,
ni vocalizarlo.
la gente se sigue moviendo,
y yo me quedo en el mismo lugar.
lleno de gente que no quiere nada serio,
lleno de hombres que solo buscan lo carnal,
que son muy perfeccionistas,
que les encanta la rumba,
pero no ir a desayunar.
me siento tan desquerida,
comparándome con modelos de instagram,
tratando de encajar en la monotonía,
en un noventa, sesenta, noventa,
y lo que la sociedad cree que es perfección,
pero es que siempre se me olvida que yo no soy perfecta.
soy torpe, nerviosa, cicatrizada, rellena,
demasiado enamorada y demasiado sola.
trato de cambiar el cannabis, por el vino,
por un perro de servicio, por una xanax,
por un té, por un amigo, por un cuchillo…. 
ya este mundo me queda demasiado grande,
 y yo no sé para donde andar.
ya este mundo tiene mucho peso,
que mis hombros no pueden aguantar.

Wednesday, October 9, 2019

Espero

Con la esperanza de un beso,
Sus pétalos, tiernos,
Que susurran utopías disfrazadas de encantos.
Sonrío ante la memoria de una casualidad.
Me traen recuerdos,
De pasiones aun no escritas,
Me traen promesas,
Suspiros de medianoche.
Son fuegos artificiales,
Que disparan como orgasmos,
Reencontrándose,
Fuera de tiempo y de alcance.
Es su disposición,
Su ternura y mi amargura.
Es su enredo,
Colándose entre la entraña,
Y que,
entre la ausencia,
Aún sabré esperar.

Tuesday, September 17, 2019

El café se volvió amargo



De un tiempo para acá y con varios intentos fallidos, descubrí que no todo el café era digno de probarse. Todo depende del gusto y yo, tendía a ser especifica con el mío: término medio, una cucharada y media de azúcar. Por alguna razón a no todos le quedaba igual. Inclusive mi madre, que utilizaba el mismo café, la misma leche y el mismo azúcar que yo, siempre resultaba diferente en sabor al que yo misma me preparaba.

Evidentemente. No todos eran iguales.

Recuerdo que cuando lo conocí, meses luego de nuestro primer beso, y dos meses dentro de una relación, fuimos a su hogar. Él se encontraba en la cocina, preparándome un café, frustrándose porque quería que todo fuera perfecto. Con una probada entre mis labios, había jurado que era el segundo mejor café de mi vida. Eso fue hace once meses específicamente. Por circunstancias de la vida, el sabor del mismo se volvió amargo. No lográbamos definir el porqué. Si era falta de detalle o ignorancia del detalle existente y fueron arduos meses de sentir entre las glándulas salivares una tos atascarse por el raro toque de grano molido y hervido.

No fue hasta que la ausencia de una taza, que me hiso entender eso que dicen de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. En efecto, nunca había deseado tanto algo en la madrugada. Habíamos descuidado nuestros sentires hundiéndonos entre los amaneceres y atardeceres; no nos dedicábamos a amar—nunca fuimos de dejarle saber a todos cuan grande era ese sentimiento para ambos. Por ende, me toca llorar en silencio, porque no me daba cuenta de que lo que nos llevó al borde, en parte fue por quejarme de como serían las cosas en vez de apreciar las que realmente tenía.

¿Seria capaz él de ceder una nueva oportunidad? Al malentendido, a la interpretación, a la sutilidad del entendimiento, a la aventura, a los errores, a la cordura entre palabras, y yo sigo aquí sin entender como mejorar dentro de mi imperfección porque yo no me debo disculpar de ser humana. Solo me disculpo de no haberme dado cuenta que tan insensible pude haber sido por no abrir los ojos antes y ver todo lo que me decía que yo hacía, entre lágrimas. Fui irremediablemente ciega. Y juro ceder. Juro enmendar. Juro quebrantar esas partes indeseables de mi frágil existencia.

Porque mi amor, mi deseo por probar entre lenguas la dulce y espesa finura de su taza de intento y dedicación. Que por mas fuera de lo regular fuese, sigue siendo una taza existente. Una taza presente que nunca dejo de estar, mucho menos cuando yo más la necesitaba.

Saturday, March 30, 2019

Colibrí


V.

evito pausar,
me lanzo como colibrí al néctar,
me concientizo,
de mi falta de ingenuidad.
que, si la vida es prestada,
que la tela y el cuerpo,
caducan entre deseos,
de estar un poco más,
durar un poco más,
reinicio y me enfrento.
que no puedo cambiar,
si dejo de existir,
si dejo de vivir,
si dejo de sentir,
me desenfoco de las líneas de mis yemas.
que soy finura esculpida,
por suerte o dirigida.
por si no hay luz prometida,
ni oscuridad definida,
continúo estando sin escapar,
amando mi perfección autónoma.


Tuesday, January 8, 2019

De dónde vengo


I.

sanguijuela perversa
¡despega!
encarnas mi miedo,
con sabor a,
aceite de castor.
peleas:
encerrada en mi contratiempo.

II.


baila en silencio,
el flamenco,
tumba en canto,
lo que queda de mi torpeza,
en sí mismo,
en su ritmo,
encerrado entre el tambor,
y una vieja castañuela,
de mi tatarabuelo y abuelo,
aunque más jibaro que el cafetal,
y que el mismo agüeybaná,
que vence el miedo.
tumbá en cantos,
pero recuperando alientos.

VI.

con las añoranzas hechas enseñanzas,
repartimos recetas de efervescencias,
para que no se despiste la cultura,
de pelar gandules con artritis.
bailando salsa mientras se echa salsa,
susurrando viejo castellano,
y un turimpumpám,
que surge de repente,
sin saber cómo.
corriendo tras la lluvia,
porque dependemos del día,
abriendo tierra, arrancando raíces,
de sobre,
vivencia,
nacimos para volvernos polvo,
de sabor,
y curar todo con vic vapo rú,
mientras bendecimos hasta lo malo.


Experiencia con Mayra Santos Febres

Promoción Coraza/Corazón
El pasado 12 de diciembre, a casi a un mes de hoy, tuve el placer de participar en un colectivo de poetas, artistas y escritores en crecimiento, presentándonos en Casa Ruth bajo la mentoría de la Profesora Mayra Santos Febres.

La actividad, llamada Coraza/Corazón, consistió en declamar poesía diversa de diferentes maneras, dejando ir nuestra coraza referente a temas como el padre ausente, el amor, situaciones personales o incomodidades como jóvenes y seres humanos. Al final de cada poesía, dejábamos caer los papeles al suelo como símbolo de exhalación que se toma al dejar ir todo aquello que nos pesa. Como donativo de entrada, se requería un pedazo de ropa interior que simbolizaba el dicho de “quitarnos las pantaletas ante el miedo de decir lo que sentimos”.


El curso de poesía fue en sí, bajo mi perspectiva, un proceso de reencuentro sobre lo que significa ser. Hablamos de miedos personales, familia, el amor, la situación social, tanto mundial, el futuro, la vida en general—¡usted imagínese!, si no fue partícipe. Sólo le digo que, dentro de cada uno de los poemarios, existía al menos un poema del cual usted se podría identificar.


El proceso de entrenamiento para el mismo, fue uno sencillo, comenzando por escribir lo primero que viniera en mente y de ahí partir. Usualmente esto es un método bastante efectivo cuando no sabes de que quieres hablar. Dentro de ello te das cuenta de los temas presentados tienen una particularidad similar, definiendo así, el tema principal. Compartimos opiniones generales, expresando nuestro sentir sobre como la vida nos refleja y afecta, utilizando la poesía como método para sacar y expresar nuestras incomodidades.



Entrevista WKAQ 580
Pasando cerca de fecha, tuve además la oportunidad de participar en una entrevista corta publicada en la página cibernética de Facebook de WKAQ 580 con Janet Pérez Brito, en dónde junto a dos compañeras: Andrea Marcano y Cindy Lee Santiago, pudimos dar a conocer algunos de nuestros textos, al igual que promocionar la presentación y hablar de nuestras experiencias propias con el proceso.

Foto por Tahir Narváez
Junto con Andrea, además era partícipe del otro curso dado por Mayra: Auto-Ficción; curso que comparte las mismas características, pero a modo de cuento. El proceso para este fue uno un poco más profundo y personal, enfrentando nuestros mayores secretos, temores, y convertirlos en una Literatura, que me atrevo a decir, que los llevará muy lejos si cada uno de sus autores deciden desarrollarla.

Pueden encontrar un pequeño adelanto (que además fue presentado en Coraza/Corazón) dentro de la página cibernética de Facebook de HerCampus UPR del cual una nuestras compañeras, Jeissy Lee Casilla, forma parte. Al igual que en su página personal, semanalmente se han publicado algunos de los textos del grupo.

Foto por Rafa Torres
Ambos grupos resultan una colectividad sorprendente que demuestra una vez más como los jóvenes de hoy día NO están perdidos como la gente aun lamentablemente piensa. Y nota destacar, que los jóvenes de hoy día NO somos responsables por resolver los problemas creados por las generaciones anteriores, que muchos de nosotros nos sumamos a esta guerra, viviendo a plenitud. Que nosotros también sentimos, también nos preocupamos, también queremos, también luchamos y que este grupo de escritores, artistas, poetas, están más que listos para comerse al mundo y llenarnos de algo muy valioso y digno de escuchar.

Ambas clases me encarrilaron en mi pasión, y me enseñaron que no estaba tan sola como pensaba. Hay muchas voces que desean hablar y no deberían ser cohibidas.

¡Fue un mes bastante productivo y de reencontrarme en mi camino! Gracias a mis compañeros (específicamente los de Auto-Ficción, en dónde se creó un grupo muy unificado), gracias a amistades por siempre andar atentos, apoyándome en mis caminos y a Mayra, por enseñarnos que nuestros sueños no son tan pequeños como pensábamos.

Friday, January 4, 2019

La Vieja y La Gunda



IV.

mira desde el balcón,
se escucha entre sonido del cuchillo y picador,
que fuera la Gunda a parar al verdudero.
frustrante e irritante,
gemido de adolescente
que no cotizaba el valor,
que vendía el tiempo por tiempo
que perdía en silencio.
otro día más, otra cosa más,
la Vieja se esfumaba entre el sofá,
viendo novelas,
como era de costumbre.
regalando su tiempo,
alisando el rizo de la Gunda,
a base de peine y grasero.
daban las seis y la Gunda salía,
la Vieja detrás vela en la orilla,
como cruzaba donde la mamá,
toca rezar y preparar,
recostar y preparar,
despertar y preparar,
para que la Gunda regrese,
y la Gunda no sabe, no entiende.
tiempo regalado, tiempo desperdiciado.
entre las verduras, la Gunda, la rumba,
la Vieja, esperando.

Tuesday, November 6, 2018

Con sabor a café


Era la tercera vez que sonaba el microondas. Automáticamente sonreí en respuesta a la exhalación frustrante que provenía de la cocina. Había una pared que dividía la cocina de la sala por ende no podía distinguir que estaba pasando; de igual forma no hacía falta. Tan solo con oírlo podía saber que movía la taza de lado a lado en desesperación como si quisiera que todo fuera perfecto. Yo le advertí al menos dos veces que hirviera la leche, pero es condición humana escuchar solo lo que se quiere escuchar. No hay nada más gratificante que decir “te lo dije”. Aun así, me quise mantener en silencio. Ya lo había molestado en varias ocasiones durante el día de hoy y estaba intentando probarle que no era una “bicha”, como casi todos pensaban. Llevábamos apenas dos meses de pareja y ya yo le había dado a entender lo contrario, pero si seguía ahí era porque algo andaba buscando. Mientras se movía cautelosamente hacia la sala intentando balancear las dos tazas de café, unas galletas Export Soda, un pedazo de pan y una servilleta para su sinusitis, me miraba con ternura con sus ojos en forma de anacardos. Yo lo miraba con una ceja elevada y me acerqué a darle una mano, porque de no hacerlo, su torpeza predecible me iba a dar la razón otra vez. Una vez situados los dos en el sofá, dirigí la taza a mis labios e inhalé sus propiedades. Tuve que exhalar más alto de lo usual. Mis ojos se fijaron en el techo de su casa y se elevaron hasta donde mis párpados le permitieron. Este nene era el diablo. Ya yo no sabía que más hacer con él. Intenté al comienzo de nuestra amistad, hacen diez meses, alejar toda posibilidad de algo más allá que un encuentro casual. Pero una cosa llevo a la otra. Una salida en grupo se convirtió en un “avísame cuando llegues” y sin darme cuenta, las llamadas, mensajes y encuentros surgieron con más frecuencia. Él tenía demasiados puntos a su favor y yo le dejé claro desde un principio que no quería formalizar nada. Pero aquí estaba yo, tomándome el segundo mejor café de mi vida (obviamente el primero es el de mi mama). Él era todo lo que yo quería, pero no me atrevía a decir. Él era todo lo que necesitaba, pero no me atrevía a admitir. Él era todo lo contrario a lo que acostumbraba, puesto a que ya nadie se atrevía amar. Su torpeza predecible, su dulzura impredecible. No la vi venir aun él advirtiéndome desde el principio que no le importaba nada, que a él le gustaba el amor a la antigua. Él creía en el amor y que si yo pensaba que él era peligro, que peligro era las ganas que tenía de hacerme feliz.

Cuento del sueño: “Desde el tren urbano"

Ya no podía calcular los minutos como hacía de costumbre, por mi obsesión de mantener todo en orden. Sé que eran las dos y treinta ocho cuando me monté en el carro, y a penas el reloj marcaba las seis. A mi derecha tenia mi agenda con los cuadritos de tareas del día vacíos y mi móvil junto a ella, con trece llamadas perdidas, seguramente de mi madre. La lluvia tampoco ayudaba. Impedía mi movilidad. Había dejado de respirar.

Comencé a contar, a controlar mis ansias de gritar en desespero mientras las lágrimas se esparcían entre mis pecas. Mis adoradas pecas, se ocultaban entre mi rostro carmín por la presión alterada. Presión que no decidía si subir o bajar.

Mis labios no atrevían a soltar ni una sola palabra. Por eso no quería escuchar a mi madre, sabiendo que iba a preguntarme dónde estaba y yo no deseaba confesarle que aún seguía aquí, en el estacionamiento del tren. Mi mirada se encontraba fijada en el abismo, pero interrumpida por otra innecesaria construcción que desmantelaba lo poco que nos dejó el huracán María de verde.

No conseguía consuelo entre los aparatos amarillos que cesaban sus operaciones, y los constructores que intentaban mover lo que quedaba entre las gotas del cielo.

Y es que las nubes, grises y cargadas, no podían llorar más que yo.

Todo lo que hacía, ¿Para quién y por qué? Lo que pensaba que estaba supuesta hacer no era más que una ilusión periférica. Mi única motivación de seguir y la razón por la cual decidí enfocar mi dolor se me había desgarrado. La base de mis movidas y lo que me levantaba el día a día, lo que en ocasiones me impedía hacer lo que se me diera la gana, pero que al final no importaba, era ver su sonrisa.

No me atrevía ni a pensarlo. Esa memoria no paraba de repetirse, una y otra vez, como si no quisiera entender que era verdad.

No fue hasta que escuche el cristal de mi carro sonar, que me mirada cambió.

--Señorita, yo sé que es un momento difícil para usted, pero necesitamos que pase con nosotros un momento.— me dijo el oficial vestido en su típico uniforme aburrido. Su cara de mala paga y su voz indiferente, me dejaron parapléjica. En estos momentos… un poco de consideración. Pareció haberme leído la mente. –Sé que no está de humor, pero nece—

Le interrumpí de manera brusca, sorprendida por mi tono. -¿Qué más usted desea de mí? Ya vi la escena, fui donde ella, indenti—

Mis palabras se cortaron, por un sollozo.

--Lo sé, señorita. Discúlpeme. Yo hablo con el oficial y si requerimos algo más de usted, la llamaré personalmente. No era mi intención molestarla más.— Con eso se metió en un carro con envoltura policiaca y prendiendo unas luces que me cegaron, se retiró así del estacionamiento, dejándome ahí, soltar un poco de lo que tenía adentro.

No podía evitar recordar, lo cual me ocasionaba más angustia.

Había dejado de respirar otra vez, pero interrumpida por gritos propios que no podía controlar.

Eran cascadas, ahora, expresando la escena que acontecí al bajarme del tren. Antes de las trece llamadas perdidas, había cinco adicionales. Mi madre nunca me llamaba tanto. Le devolví la llamada según podía, y fue ahí cuando la escuché con un taco en su garganta. --¿Mi amor?—trató de esconderlo, pero yo la conocía demasiado y alarmadamente le preguntaba que pasaba, que me dijera de inmediato.

Corrí lo más rápido que pude, se me cayeron las gafas, el abrigo, la botella de agua y no me importó. Llegué a la estación del Deportivo y de ahí corrí. No aguantaba las ganas de llegar hasta la última estación e ir en carro. Nunca pensé haberlo vivir algo así.

Había cintas amarillas alrededor de la escena, la muchedumbre en asombro y cinco policías cubriendo lo que estaba pasando. Dos pedían desesperadamente a los familiares de las victimas alejarse, uno dirigía el tránsito, uno andaba en el teléfono y el otro incrustado en su libreta de a peso. Paralizada entre el medio de todo, escuché mi nombre. Era la madre de él, tirada en el suelo. Ignoré una segunda llamada y como poseída, mis pies se adelantaron antes que mi mente pudiese cuestionarse el que estaba haciendo.

--Señorita, por favor… ¿Es familiar?-- ¿Familiar? Lo empujé del camino, con una paliza. No me importó el reclamo de su compañero y mucho menos el dolor que me dejó en los nudillos. El oficial me pedía que me mantuviera alejada en lo que llegaban los paramédicos.

Dejé de respirar.

La piel se me convirtió en hielo, mis labios se secaron y mi caminar se detuvo.

Ahí estaba.

Su cuerpecito angelical, y sus rizos dorados, teñidos de rojo. El suelo la sostenía. Sus ojitos color verde habían quedado abiertos en asombro. Solo podía imaginar que fue lo último que vio. 

Mis gritos se escucharon por todo Bayamón, de eso estoy segura. Nadie me podía contener cuando la ambulancia tuvo que retirarla del pavimento. Ni me había percatado que, a solo pasos, el cuerpo de su padre se encontraba incrustado entre los cristales.

A los minutos llegó mi madre, que fue la única que pudo hacer que bajara la intensidad de mi desespero antes que me fuese a dar algo a mí. Solo me abrazaba y me besaba el cabello, mientras yo me derretía entre sus brazos, escuchando a lo lejos la causa.

Estaban de regreso a su casa. El semáforo de la intersección, aun intermitente por negligencias del gobierno, y sin tomar la debida precaución, un camión se llevó enredado su Corolla azul y junto a ello, mi vida entera.

Una catorceava llamada de mi madre interrumpió la escena en mi mente. Sin pensarlo presioné el botón verde de mi guie. — ¿Mamita? Te estoy esperando en casa pa’ que te tomes un café. Ven, mi amor. Por favor.

Su última palabra se quedó retumbando en mi oído, como si ella estuviese a mi lado.

Por favor.

La lluvia desvaneció, las grúas se fueron y las cuatro paredes de mi habitación me protegían de probablemente lo peor que pude haber soñado en mi vida. Inmediatamente marqué el teléfono, mis manos temblorosas aun, sin caer en tiempo, ni en mi realidad inmediata.

--¿Qué es?— su voz molesta, como siempre, contestó al otro lado. Lo detestaba tanto, por su arrogancia e ignorancia…, pero no para verlo como lo vi en mi mente.

--¿Qué harás hoy?— le pregunté, a lo cual me respondió que para que yo quería saber. –Solo no salgas, hoy, por favor.—le dije.

—¿Por?

—A pesar de todo, no quisiera que te pasara algo malo.— Con eso di por terminada la llamada. Un movimiento brusco surgió a mi lado y con un giro, su piecito helado terminó en mi cara, otra vez. Agradecida con la vida, maldije mi inconsciente, porque si ella me llegase a faltar antes de yo irme, me moría con ella.

Monday, May 7, 2018

Toca mis ojos cerrar

Toca mis ojos cerrar, mojados en preguntas irrelevantes... ¿Qué más se puede pensar? Queda desnuda sobre su frente mientras que debajo de la tela y debajo de la piel queda el vacío mediocre de múltiples simples versos. 
Toca mis ojos cerrar, mojados en preguntas inmaduras... ¿Qué tú haces mal? Porque lo sigues haciendo, porque sigue la suela incrustada en lodo de tus cómicas resbaladas. 
Toca mis ojos cerrar, mojados en preguntas desgraciadas... ¿Es qué la flor de la luna creciente no podría escuchar a la Gaia susurrar entre su comisura y su final? 
Toca mis ojos cerrar, húmedos por la estrella mayor que abraza al satélite del que te impide volar. El rubio seca las memorias mientras te inflas del sereno que promete una apertura a tu cotidianidad. Que mientras la hermosura alienígena de tus líneas gira, el rostro fallece entre el esplendor ciego de tu primavera.

Monday, April 30, 2018

Por no ser una Paola Bracho me convertí en una Marimar

No se trata de victimización, sino de expulsar un peso que llevo dentro, puesto que siento mucho el cómo mientras intentó abrir la puerta, ya yo estaba fuera por la ventana. No deseaba quedarme encerrada en las cuatro paredes de lo que fue la peor decisión de mi vida. Mientras se llevaba sus pertenencias, yo abrazaba su camisa, el gancho pillado entre mis piernas y la progenitora amarrada entre el cálido antebrazo de Morfeo; sus dulces palabras susurrando que se quedara junto a él unos minutos más en lo que mi llanto cesaba.
Tiempo después tocaba la puerta nuevamente, como era de costumbre, como era la rutina, pero ya la advertencia estaba en el aire y luego de setecientas treinta y una amanecidas, mis labios partieron verticalmente con la palabra “no” mezclándose entre el estrecho aire. Era redundante el ofrecer una razón y entiendo que fue injusto el continuar abriendo y permitiendo constantemente el que sus pasos se marcaran por mi alcoba. Yo nunca fui la villana, no era mi intención, ni mi promesa el hacer la vida de cuadros a alguien a quien mi corazón entregué genuinamente, convirtiéndome, sin embargo, en una sumisa e ignorante que, por no herir a nadie, la pisotearon sin aviso, escupiendo en el rostro todo aquello que no era verídico y que fue aceptado con tal de no renunciar a mis valores ni principios. Siempre anduve con la idea de que mi corazón fuera enmendado, sutilmente tejido de vuelta porque lo único que deseaba era un final feliz.
La realidad es que nunca pensé que una vez cerrara la puerta, me tocaría entonces hacerlo a mi sola, buscando alguna instrucción de como sostener la aguja y traspasar el hilo por su apertura. Por eso admito que en varias ocasiones me encontré con mis yemas rozando la manija hasta que eventualmente opté por buscar una salida alterna.
Me hirieron varios motivos, inicialmente porque él nunca supo demostrar que mis acciones eran suficientes y que no se veía obligado a repartir caricias indecentes a por doquier, a recoger margaritas del campo vecino, haciendo y deshaciendo todo eso que no hacía por mí. Entonces entendí que nadie hace lo que no quiere y que uno da la milla adicional por personas que según ellos valían la pena. No era yo, solo no era su persona indicada. No comprendía por qué si yo había dejado la llave de mi alma en la palma de su mano, no combatió millones de guerras por ver mis variadas sonrisas. La respuesta era: porque simplemente no quería. Lo tuve que aceptar, en especial cuando me comencé a sentir conforme en mi soledad y comencé a notar todas las cosas que susurraban a mis espaldas. No debí haber perdido mi tiempo desde el primer choque galáctico que hiso consecuentemente que se derrumbara mi mundo. Basado en eso aprendí a desconfiar en todo lo que tenía que ofrecer.
Todo esto me llena de rabia, quizás por la lucha interna que cargo hace año y medio desde que cerré la puerta. Múltiples puntos estiré sobre mi mesa: el cómo ser una repugnante Marimar me había llevado a nada, como darlo todo no era nada y como ser nada me lleva a nada. Mas aun cuando sentía que por querer moverme hacia adelante con mi vida me era casi imposible. Yo lo único que deseaba era estar con ella, sus cachetes rosados y dientes de leche que me ofrecían toda la libertad. Sus pequeños ojos verdes me aseguraban que todo está bien y que todo valía la pena. Pobre de mí encanto, que era utilizada y reutilizada para mortificarme, amenazarme con nuestra separación infinita porque no sabían comprender que yo necesitaba que todo se acabara. Que, por remordimiento, por celos y egoísmo, no se me permitía hacerlo todo.
Él era la persona más vil de planeta, dado a que por eso decidí no ir tras él, porque al yo inhalar y exhalar por primera vez después de tener su brazo marcado entre mis amígdalas, pude notar que a quien yo amaba, no era quien yo pensaba que era. La decepción nubló mi vista más rápido que cuando estaba en el trance de sus caricias. Era imperdonable en todo lo que mi ser transformó en cascadas que se desbordaban más allá del río. Entonces, ¿Por qué me molestaba tanto? Simplemente porque lo encontraba injusto, inexplicable, e incoherente como ser bueno no te lleva a nada. La vida no era un bumerán en donde uno recibía lo que uno daba, dado a que, si fuera así, la inclinación de este conjunto de palabras fuera demasiado diferente. Sin contar como me había tenido que morder los labios con tal de no crear conflicto alguno, con tal de obtener un aura de tranquilidad.
He aprendido ha mantenerme en paz y amar cada línea, punto y curva de piel para poder arriesgarme a querer vivir mas allá de la tormenta. Su partida fue la mas dolida de mi vida, mucho mas profundo ardor que descubrir cosas que no podría redactar aquí, pero esto no significa que he de amarle otra vez. Sus palabras fueron punzantes y sus acciones fueron imperdonables. Uno se puede caer múltiples veces hasta descubrir donde esta situada la grieta del suelo. Y sobre todas las cosas le deseo la mayor felicidad del mundo, pero lejos de mi alma. Lejos de como luego de tanto tiempo y tanto amor propio, he descubierto que prefiero ser la mujer indicada para mí. Eso es suficiente.

Tuesday, January 30, 2018

Un último primer beso

Era el velo de la incertidumbre; destello de anteayer y memoria insensata que no me hacía percibir lo que estaba justamente en frente de mí. Me convertí en mero indicio de mi auto destrucción, ocupando nuevas memorias sobre manzanas con sabor a veneno, porque no sabía discernir entre el pasado y mi realidad inmediata. El tiempo me había entumecido y sin importar el mínimo esfuerzo, nada me podía hacer ver el otro lado de la moneda. Rechacé toda oportunidad dirigida al placer porque entendía que estaba todo predestinado. La mala suerte era mi mejor compañía ya que no sabia como vivir sin ella, y él no tenia la culpa, pero de igual forma recibió su parte. Yo no sabía amar. Lo que me fue enseñado y mis ganas de dar de mi alma, piel, espacio y efectivamente tiempo, fueron lanzados como flecha entre arco hacía el espiral infinito de la angustia e inseguridad. Puesto que no encontraba sentido a exponer mis pensamientos y a sacar mi corazón a flote entre un mar de dudas. No era justo exponerme nuevamente a dar todo por quizás unos meses, días, horas o minutos. Y sin embargo quería, con todas mis fuerzas no cohibirme de estrujar mis mejillas de tanta irremediable felicidad. Yo quería rendirme entre sus brazos y vivir miles de experiencias a su lado, se diese la oportunidad porque él no sabía que mis deseos de impertinencia se habían agotado, y yo solo quería amor del bueno; del indescriptible e indiferente, del más inocente y puro que cualquier maestro de la Literatura pudiese expresar entre labios o un simple papel.

Tuesday, April 2, 2013

Esa irremediable idea del amor


Cuando no sabes que pensar y tu corazón cae al suelo a causa de mil ignorancias. Tu viento no es el mismo, tu cielo es distinto. Sientes un vacío en el estómago, algo te lo tuerce y se lo presenta a la realidad, que viste con telas de orgullo, sus labios peinados de victoria y de tu derrota.
En un hueco incomprensible te deslumbras, te desnudas sin remedio, mientras un nudo familiar se encaja en la garganta. Deseas ser diferente, ser su imagen perfecta, sin poder caer en el error. Todo esto cuando finalmente tus ojos se abren y se encuentran con tu realidad. Una realidad, nada es lo mismo. Supongo que todos en algún punto de nuestras vidas debemos caer en el abismo.
Pasan noches de sollozos, risas escondidas, palmadas amigables, lágrimas profundas, recuerdos que dominan y arrepentimiento. Sobretodo aparece el arrepentimiento. Te incita a olvidar, pero te recuerda lo que fue, lo que pudo ser, lo que pudiste haber evitado si nunca hubieras conocido al otro.
Es fiel amigo del masoquismo, porque lloramos al perder la costumbre, al recuperar la distancia y al notar que nada de lo que imaginabas fue convicto de tu realidad.
Pero con el tiempo se comienza a ser fuerte, y la indiferencia, sensata e inepta, se convierte en tu mejor aliado. Frente a la derrota, se acepta esta realidad diferente, que no se puede alterar. Nuestra realidad es que a pesar de todo, siempre caemos en este ciclo. Conocemos a alguien, confiamos, nos envolvemos entres sus brazos peculiares y el final termina siendo igual. Por esto es que nos cuestionamos si caemos bajo el poder del amor o la idea y el deseo del amor mismo. En un tiempo dado, detestamos todo lo que tenga que ver con ello, nos creemos impotentes, nos rebajamos a niveles insuperables para darnos cuenta que solo fue más que otro desamor en nuestra vida. Ni el primero, ni el ultimo ya que por alguna razón siempre terminamos en lo mismo, quizás con personajes diferentes, con situaciones similares, con versos que prometen, otros que comprometen y otros que son claros.
Seres emocionales, seres especiales. Así somos. Nacemos para sentir, disfrutar, pensar, amar.
Quizás en un momento dado sintamos que no existe otra alternativa y que herir a otros seres es normal, pero nadie merece ser herido a causa de nuestras malas experiencias. Sino alternamos su proceso de amar también, ¿no? Herimos porque somos heridos y aquel que nunca ha sido herido queda marcado para herir por alguien que lo hirió.
Siempre nos encontraremos con situaciones que no funcionarán, con caricias y momentos para recordar, pero nada hermoso dura para siempre y así mismo es la vida. No debemos sentirnos mal al concluir una etapa de nuestra vida, de las experiencias se aprende y es necesario uno lastimarse para aprender a curarse, a caerse para levantarse y a chocarse para recordar que no se debe cruzar por dicho lugar. Ser lastimado no es excusa para lastimar, ser querido de alguna manera u otra si es justificación para enseñar a querer a los demás. 

Excusas del corazón


          Con la demencia del corazón ciego se puede amar hasta en el masoquismo. Son pobres los versos que permiten saber hasta cuanto llega una visión absoluta, medida de promesas que ilusionan porque no se ha dejado de querer. Pero si el amor, que es tan completo e inocente, mas la necesidad de obtenerlo me indican que el corazón es el que manda. Y entonces, ¿quién manda al corazón? ¿La razón, la consciencia, el pensamiento o el alma? ¿De dónde proviene mi opción a escoger?
Luego de una gran parte de una vida huyéndole a la vida misma, a través de palabras bonitas, de roces que prometen, de besos que inundan la respiración, la oscuridad se desliza por las paredes que incitan a mentiras, a engaños, entre otras cosas que perjudican el desarrollo de la felicidad pura. Mientras se piensa, los ojos vigilan el ropero preguntando que me harán verme mejor en el día de hoy, no por mí, sino por el que me quiera regalar una sonrisa comprometida. Sin embargo, aquellas caricias que no se dejan en el cofre de los recuerdos y mucho menos detrás de la tinta de un bolígrafo para ser expuestos en papel, se mantienen en el corazón. Se mantienen dentro del dueño de las acciones y los pensamientos.