Monday, April 30, 2018

Por no ser una Paola Bracho me convertí en una Marimar

No se trata de victimización, sino de expulsar un peso que llevo dentro, puesto que siento mucho el cómo mientras intentó abrir la puerta, ya yo estaba fuera por la ventana. No deseaba quedarme encerrada en las cuatro paredes de lo que fue la peor decisión de mi vida. Mientras se llevaba sus pertenencias, yo abrazaba su camisa, el gancho pillado entre mis piernas y la progenitora amarrada entre el cálido antebrazo de Morfeo; sus dulces palabras susurrando que se quedara junto a él unos minutos más en lo que mi llanto cesaba.
Tiempo después tocaba la puerta nuevamente, como era de costumbre, como era la rutina, pero ya la advertencia estaba en el aire y luego de setecientas treinta y una amanecidas, mis labios partieron verticalmente con la palabra “no” mezclándose entre el estrecho aire. Era redundante el ofrecer una razón y entiendo que fue injusto el continuar abriendo y permitiendo constantemente el que sus pasos se marcaran por mi alcoba. Yo nunca fui la villana, no era mi intención, ni mi promesa el hacer la vida de cuadros a alguien a quien mi corazón entregué genuinamente, convirtiéndome, sin embargo, en una sumisa e ignorante que, por no herir a nadie, la pisotearon sin aviso, escupiendo en el rostro todo aquello que no era verídico y que fue aceptado con tal de no renunciar a mis valores ni principios. Siempre anduve con la idea de que mi corazón fuera enmendado, sutilmente tejido de vuelta porque lo único que deseaba era un final feliz.
La realidad es que nunca pensé que una vez cerrara la puerta, me tocaría entonces hacerlo a mi sola, buscando alguna instrucción de como sostener la aguja y traspasar el hilo por su apertura. Por eso admito que en varias ocasiones me encontré con mis yemas rozando la manija hasta que eventualmente opté por buscar una salida alterna.
Me hirieron varios motivos, inicialmente porque él nunca supo demostrar que mis acciones eran suficientes y que no se veía obligado a repartir caricias indecentes a por doquier, a recoger margaritas del campo vecino, haciendo y deshaciendo todo eso que no hacía por mí. Entonces entendí que nadie hace lo que no quiere y que uno da la milla adicional por personas que según ellos valían la pena. No era yo, solo no era su persona indicada. No comprendía por qué si yo había dejado la llave de mi alma en la palma de su mano, no combatió millones de guerras por ver mis variadas sonrisas. La respuesta era: porque simplemente no quería. Lo tuve que aceptar, en especial cuando me comencé a sentir conforme en mi soledad y comencé a notar todas las cosas que susurraban a mis espaldas. No debí haber perdido mi tiempo desde el primer choque galáctico que hiso consecuentemente que se derrumbara mi mundo. Basado en eso aprendí a desconfiar en todo lo que tenía que ofrecer.
Todo esto me llena de rabia, quizás por la lucha interna que cargo hace año y medio desde que cerré la puerta. Múltiples puntos estiré sobre mi mesa: el cómo ser una repugnante Marimar me había llevado a nada, como darlo todo no era nada y como ser nada me lleva a nada. Mas aun cuando sentía que por querer moverme hacia adelante con mi vida me era casi imposible. Yo lo único que deseaba era estar con ella, sus cachetes rosados y dientes de leche que me ofrecían toda la libertad. Sus pequeños ojos verdes me aseguraban que todo está bien y que todo valía la pena. Pobre de mí encanto, que era utilizada y reutilizada para mortificarme, amenazarme con nuestra separación infinita porque no sabían comprender que yo necesitaba que todo se acabara. Que, por remordimiento, por celos y egoísmo, no se me permitía hacerlo todo.
Él era la persona más vil de planeta, dado a que por eso decidí no ir tras él, porque al yo inhalar y exhalar por primera vez después de tener su brazo marcado entre mis amígdalas, pude notar que a quien yo amaba, no era quien yo pensaba que era. La decepción nubló mi vista más rápido que cuando estaba en el trance de sus caricias. Era imperdonable en todo lo que mi ser transformó en cascadas que se desbordaban más allá del río. Entonces, ¿Por qué me molestaba tanto? Simplemente porque lo encontraba injusto, inexplicable, e incoherente como ser bueno no te lleva a nada. La vida no era un bumerán en donde uno recibía lo que uno daba, dado a que, si fuera así, la inclinación de este conjunto de palabras fuera demasiado diferente. Sin contar como me había tenido que morder los labios con tal de no crear conflicto alguno, con tal de obtener un aura de tranquilidad.
He aprendido ha mantenerme en paz y amar cada línea, punto y curva de piel para poder arriesgarme a querer vivir mas allá de la tormenta. Su partida fue la mas dolida de mi vida, mucho mas profundo ardor que descubrir cosas que no podría redactar aquí, pero esto no significa que he de amarle otra vez. Sus palabras fueron punzantes y sus acciones fueron imperdonables. Uno se puede caer múltiples veces hasta descubrir donde esta situada la grieta del suelo. Y sobre todas las cosas le deseo la mayor felicidad del mundo, pero lejos de mi alma. Lejos de como luego de tanto tiempo y tanto amor propio, he descubierto que prefiero ser la mujer indicada para mí. Eso es suficiente.

Wednesday, January 31, 2018

Pánico

Inicialmente, te percatas del mundo a tu alrededor. Te percatas de quien eres como ser humano y lo diminuto que se vuelve tu vida…
Puedo observar más allá de mi visión periférica y sin embargo, en cuestión de segundos, el universo se vuelve tan pequeño... Larga vida que llevo, insignificante. Las paredes (esas cuatro paredes) se vuelven más cuadradas, más rectas, más estables y firmes. Las paredes se elevan, creando un escape imposible y la poca luz que existe, desvanece como eclipse solar. Puedo sentir mis glándulas salivares fallecer, mi garganta secarse y mi pecho apretarse. El aire no fluye, respiro el aire ajeno, aire que ahora comparto y que no llega en su plenitud a mi sistema.
La luz desvanece completamente; quedo atrapada en una manta de carbón donde no es reconocido mi esfuerzo por salir. Me consume dentro del vacío y la densidad me absorbe como tierra movediza. La oscuridad y yo nos convertimos en uno. No logro salir y no porque no quisiese, sino porque no sé como hacerlo.
No puedo evitar el llorar; por pena a mí mismo, por ser un simple mortal y poseer una imperfección de la cual se me culpa, que pesa más que mi voluntad, que me bloquea sobre cualquier cosa. No le deseo a nadie esta angustia injustificable y este deseo reprimido de estar en paz con mi alma. Os prometo que no lo puedo controlar. Tengo deseos de restrellar contra las paredes y correr hasta que mis piernas no puedan con mi peso, de buscar ese tan  ausente aire en el lugar más natural que pueda encontrar.

Tuesday, January 30, 2018

Un último primer beso

Era el velo de la incertidumbre; destello de anteayer y memoria insensata que no me hacía percibir lo que estaba justamente en frente de mí. Me convertí en mero indicio de mi auto destrucción, ocupando nuevas memorias sobre manzanas con sabor a veneno, porque no sabía discernir entre el pasado y mi realidad inmediata. El tiempo me había entumecido y sin importar el mínimo esfuerzo, nada me podía hacer ver el otro lado de la moneda. Rechacé toda oportunidad dirigida al placer porque entendía que estaba todo predestinado. La mala suerte era mi mejor compañía ya que no sabia como vivir sin ella, y él no tenia la culpa, pero de igual forma recibió su parte. Yo no sabía amar. Lo que me fue enseñado y mis ganas de dar de mi alma, piel, espacio y efectivamente tiempo, fueron lanzados como flecha entre arco hacía el espiral infinito de la angustia e inseguridad. Puesto que no encontraba sentido a exponer mis pensamientos y a sacar mi corazón a flote entre un mar de dudas. No era justo exponerme nuevamente a dar todo por quizás unos meses, días, horas o minutos. Y sin embargo quería, con todas mis fuerzas no cohibirme de estrujar mis mejillas de tanta irremediable felicidad. Yo quería rendirme entre sus brazos y vivir miles de experiencias a su lado, se diese la oportunidad porque él no sabía que mis deseos de impertinencia se habían agotado, y yo solo quería amor del bueno; del indescriptible e indiferente, del más inocente y puro que cualquier maestro de la Literatura pudiese expresar entre labios o un simple papel.

Monday, September 25, 2017

El huracán María en Puerto Rico

María ha sido, sino es, uno de los sucesos más importantes de mi vida. Para algunos, un momento histórico. Recuerdo yo haber estado viva para el huracán George en el 1998 y haber visto uno que otro árbol danzando entre los vientos, pero nada algo así. Me levanté exactamente a las 2:25am con un sonido retumbante en la ventana del cuarto de mi mamá. Yo había recogido mis tres bultitos con documentos importantes por si se mojaba mi cueva en Toa Baja. Me llevé mi ropa de trabajar y una cosa que otra electrónica porque lo que anunciaban era espeluznante. Me llevé aquello, no por rotulación de materialista—al contrario, aparte de lo regalado, todo lo que había en mi apartamento me lo sudé yo a gota gorda. Yo sola. No quería que se dañara nada y viviendo a minutos del mar (aunque de vista es espectacular), de septiembre para abajo, podía convertirse en uno de los lugares más tenebrosos para residir.
Ya cuando cerré mis ojos el día anterior, aún no se habían llevado los servicios del agua y luz. Sin embargo, al despertarme bañada en gotas de mi propio sudor, con la sábana pegada a mi piel, sabía que María había llegado. No recuerdo haber sentido temor similar. Si había sentido temor, pero no particularmente como este. Era una mezcla de incertidumbre, de desconocimiento… No sabía cómo reaccionar y sabía que no podía hacer nada, más que esperar que todo pasara. No sabía cómo estaba mi pareja, mis amigos, quien había sentido ese golpe en la ventana de la misma forma que yo.
Entre las tinieblas observaba la sombra de mi madre.
—A penas comienza—me informó. No fue hasta una hora después que por poco logro conseguir el sueño. No se podían abrir las ventanas, todo era plena obscuridad a las 10:00am. En vez de escuchar el quiriquiquí del gallo y la canción de despedida del coquí, solo se escuchaban llantos de nuestro borikén. Los troncos falleciendo ante mis ojos. Los pinos que sembró mi tío se despedían por última vez, luchando contra los soplos de María, rindiéndose ante la lucha.
Entre hora a hora levantaba un poco la ventana viendo como un cantito de mi isla se desmenuzaba antes mis brazos y yo no podía hacer nada. Yo sabía que esto no era nada. Absolutamente nada. De no saber que hacer, pasé a no saber que sentir. Yo preocupada por mi cueva, y yo sabía dentro de mí que tenía que haber gente que ya perdió la suya.
María había llegado con su pie firme a querer destrozar mi Isla del Encanto. La cogió por las greñas de árbol de ceiba, aruño sus brazos de mata de plátano, mi isla botando lágrimas de manantial... La haló, tiró, empujó y la dejó desolada, sus caciques consolándola, vulnerable, tierna y abusada… No fue completa derrota. María también recibió parte, con menos energías se marchó y con esperanzas de nunca más regresar.
Al día siguiente nos encontramos con una ley o reglamentos que impedía salir luego de las 6:00pm. El día siguiente no salí mas allá de mi vecindario. Mis vecinos y yo le dedicamos día a organizar la comunidad, limpiando caminos y ayudándonos unos a otros. La mayoría de los viejitos de la comunidad habían perdido techos, siembra, obtuvieron fatalidades dentro de su hogar. Había cristal, demasiado cristal. Sus pedazos no se podían contar. Había hojas por doquier, roturas de cemento, maderas por la carretera. ¿Qué no había volado María? Por suerte no habían heridos en mi sector, pero todos estábamos incomunicados. Nadie sabía de nadie que no estuviera a ciertos pies de distancia. A la noche mi madre se acercó, habiendo encontrado unas baterías para la radio y les confieso: si no hubiera tenido ese radio, la incertidumbre me iba a comer viva. Yo podía estar sin luz, vivir con la compra y el agua acumulada, pero necesitaba saber cómo se encontraba mi isla.
Llámenlo masoquismo, pero en mis momentos a solas no encontraba consuelo entre las lágrimas. Era horrible lo que mis oídos escuchaban. 
A pesar de no saber de mi trabajo, de mi pareja, ni mi familia, ni de mis amigos, había gente peor, y entre la radio y los libros de colorear, encontraba cierta tranquilidad, cierta distracción. 
Se me partía el alma escuchar a la gente que no sabía de su familias. Padres aclamando hijos, hijos aclamando padres, gente de Estados Unidos, de República Dominicana, etc., queriendo ayudar, queriendo saber que pasaba. Ni yo sabía que pasaba. Se había ido el 100% de la luz, solo dos estaciones de radio en el aire (no, wapa, no eras el único). Y quien sabe, asumo que la mayoría sin agua.
Ya yo sentía el apeste a chinchilla de estar todo el día recogiendo y ni sabía para cuántos días esto iba a durar. Bien aclarado: no de mañana, de meses. Entonces pensé bien claro, tenía que dar una vuelta y no a “novelear” (la palabra de la semana) como hicieran muchos. Ni gasolina tenía y las filas eran kilométricas para la gente con plantas y yo solo necesitaba chequear mi casa y verificar si iba a reiniciar el trabajo. Estuve prácticamente todo el día fuera: una hora para llegar a Toa Baja, una más para buscar leche, una más para ver si mi tía estaba bien, si necesitaba algo. Y el camino entero buscando gasolina para ir a trabajar el día siguiente…
El escenario era parapelos. Digo escenario porque les juro que no lo podía creer. Yo sentía que, o estaba en otro país o aún continuaba soñando. Mi borikén evidentemente estaba destrozada. Y aún sin salir de turista, era inevitable ver ese suceso. No había área sin un árbol caído ni letrero en el piso. El verde de monte, desvanecido. Mi isla, tenebrosa, triste y su virginidad coralina, violada. Yo no puedo decir que a este desastre se le saca “provecho de acto comunitario”. No.
Daban ganas de llorar. La gente que ayudaba, no lo hacía de “buena fé” ni por abrir camino para agilizar el proceso de restauración de servicios. Los rostros de los taínos estaban tristes. Nadie celebraba la comunidad. Mi vecina casi se desplomaba, sus ojos rojizos, mientras narraba el horror que vivió. Gente que lo perdió todo y aun gente que perdió casi nada, como yo, sufrió por igual. Mi borikén había despertado completamente destrozada y éramos heridos, pero no derrotados. Aún dentro del dolor, compartíamos el positivismo de levantar a nuestra isla una vez más. Y así será.

Tuesday, April 2, 2013

Esa irremediable idea del amor


Cuando no sabes que pensar y tu corazón cae al suelo a causa de mil ignorancias. Tu viento no es el mismo, tu cielo es distinto. Sientes un vacío en el estómago, algo te lo tuerce y se lo presenta a la realidad, que viste con telas de orgullo, sus labios peinados de victoria y de tu derrota.
En un hueco incomprensible te deslumbras, te desnudas sin remedio, mientras un nudo familiar se encaja en la garganta. Deseas ser diferente, ser su imagen perfecta, sin poder caer en el error. Todo esto cuando finalmente tus ojos se abren y se encuentran con tu realidad. Una realidad, nada es lo mismo. Supongo que todos en algún punto de nuestras vidas debemos caer en el abismo.
Pasan noches de sollozos, risas escondidas, palmadas amigables, lágrimas profundas, recuerdos que dominan y arrepentimiento. Sobretodo aparece el arrepentimiento. Te incita a olvidar, pero te recuerda lo que fue, lo que pudo ser, lo que pudiste haber evitado si nunca hubieras conocido al otro.
Es fiel amigo del masoquismo, porque lloramos al perder la costumbre, al recuperar la distancia y al notar que nada de lo que imaginabas fue convicto de tu realidad.
Pero con el tiempo se comienza a ser fuerte, y la indiferencia, sensata e inepta, se convierte en tu mejor aliado. Frente a la derrota, se acepta esta realidad diferente, que no se puede alterar. Nuestra realidad es que a pesar de todo, siempre caemos en este ciclo. Conocemos a alguien, confiamos, nos envolvemos entres sus brazos peculiares y el final termina siendo igual. Por esto es que nos cuestionamos si caemos bajo el poder del amor o la idea y el deseo del amor mismo. En un tiempo dado, detestamos todo lo que tenga que ver con ello, nos creemos impotentes, nos rebajamos a niveles insuperables para darnos cuenta que solo fue más que otro desamor en nuestra vida. Ni el primero, ni el ultimo ya que por alguna razón siempre terminamos en lo mismo, quizás con personajes diferentes, con situaciones similares, con versos que prometen, otros que comprometen y otros que son claros.
Seres emocionales, seres especiales. Así somos. Nacemos para sentir, disfrutar, pensar, amar.
Quizás en un momento dado sintamos que no existe otra alternativa y que herir a otros seres es normal, pero nadie merece ser herido a causa de nuestras malas experiencias. Sino alternamos su proceso de amar también, ¿no? Herimos porque somos heridos y aquel que nunca ha sido herido queda marcado para herir por alguien que lo hirió.
Siempre nos encontraremos con situaciones que no funcionarán, con caricias y momentos para recordar, pero nada hermoso dura para siempre y así mismo es la vida. No debemos sentirnos mal al concluir una etapa de nuestra vida, de las experiencias se aprende y es necesario uno lastimarse para aprender a curarse, a caerse para levantarse y a chocarse para recordar que no se debe cruzar por dicho lugar. Ser lastimado no es excusa para lastimar, ser querido de alguna manera u otra si es justificación para enseñar a querer a los demás. 

Excusas del corazón


          Con la demencia del corazón ciego se puede amar hasta en el masoquismo. Son pobres los versos que permiten saber hasta cuanto llega una visión absoluta, medida de promesas que ilusionan porque no se ha dejado de querer. Pero si el amor, que es tan completo e inocente, mas la necesidad de obtenerlo me indican que el corazón es el que manda. Y entonces, ¿quién manda al corazón? ¿La razón, la consciencia, el pensamiento o el alma? ¿De dónde proviene mi opción a escoger?
Luego de una gran parte de una vida huyéndole a la vida misma, a través de palabras bonitas, de roces que prometen, de besos que inundan la respiración, la oscuridad se desliza por las paredes que incitan a mentiras, a engaños, entre otras cosas que perjudican el desarrollo de la felicidad pura. Mientras se piensa, los ojos vigilan el ropero preguntando que me harán verme mejor en el día de hoy, no por mí, sino por el que me quiera regalar una sonrisa comprometida. Sin embargo, aquellas caricias que no se dejan en el cofre de los recuerdos y mucho menos detrás de la tinta de un bolígrafo para ser expuestos en papel, se mantienen en el corazón. Se mantienen dentro del dueño de las acciones y los pensamientos.

Thursday, February 14, 2013

Ella no sabe qué le pasa, pero las lágrimas se derraman


Últimamente la incógnita me invade visiblemente. Es difícil controlar mis sentimientos, descubrir a quién me parezco y descubrir quién soy a la misma vez. El joven de hoy día que se topa con tanto desengaño, tanto rencor, tanta angustia y preocupación. Sobre todo, se topa con la irremediable decisión de que tiene que salvar el  mundo bajo una etiqueta de “os sois el futuro”. Este argumento lo presento mucho, ya que es una etiqueta molestosa, e innecesaria. Siempre me pregunto el porqué de esto. ¿Por qué se refieren a nosotros como el “futuro”? No creo que sea justo exigirle que se remedien los problemas que las generaciones pasadas crearon, a alguien que no pidió nacer.
Eso es otro caso aparte. Lo que me perturba últimamente es esta inestabilidad que siento constantemente. Estoy en ese paso asqueroso entre qué debo hacer y que no debo hacer con mi vida. ¿Mudarme de mi hogar o sentir aguantando un ciclo vicioso de rechazo y cariño? ¿Continuar discutiendo con alguien que se ciega asimismo o simplemente dejarlo ser y alejarme de lo me afecta? ¿Estar conforme con cualquier chico que se me acerca e intentar complacerlo en todo o no rebajarme por nada ni por nadie? ¿Seguir luchando por mis estudios y dejar de poner excusas por mí misma o simplemente rendirme ante todo lo que parece más grande de lo que realmente es?
Y el problema mayor: mi perfeccionismo me deteriora cuando me mencionan mis defectos. Dicen que soy, aparte de perfeccionista, inmadura, manipuladora, impulsiva, desorganizada con mis cosas, incapaz de ser auto suficiente  entre otras. Entonces me pongo a pensar si todo esto tiene la mínima oportunidad de ser cierto. Siempre digo “por favor y gracias”, más cedo a alternativas. Simplemente estoy dispuesta a dar la primera idea para poder movernos enseguida, pero no quiere decir que si no se hace a mi manera está mal. ¿Es malo, pues, tener ideas y exponerse? ¿O debo volver a quedarme en silencio para no herir a nadie con mi honestidad?
Pensamientos que me acomodan en mi almohada y que me enredan mientras mi piel roza la sábana. A veces me siento como un ser tan horrible porque eso que piensan es algo que no quisiera ser y lo peor es que no lo he detectado. En momentos me pregunto cómo un hombre puede querer a una niña que sonríe porque está herida y no quiere demostrárselo porque es otro signo de inmadurez. ¿Cómo querer a una niña que ha estado toda su vida sola, ensangrentándose los brazos porque no encuentra una salida? ¿Cómo querer a una niña que se droga con pastillas recetadas para enfocarse, que quiere lo justo en el mundo y no comprende porque existe el mal? ¿Es bruta o se hace? ¿Es niña incapaz de madurar? ¿Hay algún problema con que se viste de tal manera porque no tiene como comprarse nueva tela y por tanto dice que no le importa la moda? ¿Es pecado vivir encerrada en un perfeccionismo, poniéndose excusas a cada rato? Quizás. El perfeccionismo no existe con condiciones. Las excusas son solo buenas para el que las da. Sin embargo, ella quiere ser mejor, pero a veces se le hace difícil porque no sabe en quien confiar, donde empezar y se escapa de lo que la estresa.
Eso sí es un pecado, más otra excusa.